El tiempo

30 agosto 2008

Básicamente, el tiempo que me ha tocado vivir aquí en Melbourne se podría definir con una sola palabra: asco.

Bueno, maticemos. Melbourne se encuentra a la misma latitud que Madrid, por lo que el clima es parecido. Dado que estamos en el hemisferio sur, o sea bocabajo (“down under”), ahora estamos en invierno, pues las estaciones se invierten. En invierno no hace demasiado frío, no bajando de unos cuatro grados, por lo que no nieva. En general por el día la temperatura es de unos diez grados o incluso un poco más y por la noche refresca. La tónica dominante son las nubes, en forma de lluvia o sólo nublado. Asimismo, otro elemento propio de esta zona es el viento. Hace viento con cierta frecuencia, aunque quizás no muy fuerte. Así que la conjunción de frío, nubes y viento es ciertamente desagradable para alguien de secano como yo.

En verano la cosa cambia, pero por desgracia no puedo dar fe, así que he de creer que las nubes desaparecen y hace más sol junto con unas temperaturas altas como tiene que ser. El viento supongo que persistirá.

El dicho aquí es que en Melbourne puedes tener las cuatro estaciones en un día (“Four seasons a day”), pues el tiempo es bastante cambiante incluso en un solo día. Puede amanecer soleado, como hoy, prometiendo, pero a eso de media mañana o mediodía aparecen las nubes y el viento y por la tarde llueve. Por la noche obviamente frío. Así que es una lotería el tiempo, puede amanecer estupendamente, planeas hacer alguna visita pero a mediodía la cosa cambia, con lo cual te pilla siempre en el peor momento. Esto hace que tomar fotografías sea difícil y desesperante. O no hay sol, o si lo hay, hay nubes que con el viento se mueven tanto que el sol aparece y desaparece cada cinco minutos, con lo que las condiciones lumínicas cambian y la foto que estabas preparando no puedes sacarla por falta de sol (bueno, no llego a tanto, pero lo intento).

Este clima me recuerda bastante a San Sebastián, así que cuando vuelva a España creo que no voy a notar la diferencia… En el resto de Australia, pues os podéis imaginar. En la parte sur, más de lo mismo. En el centro, que está a la altura del Trópico de Capricornio (o sea, como el Sahara) y es medio desierto, pos eso, calorcito en verano y fresco en invierno. En el norte, más cerca del ecuador, clima tropical. Por eso el dicho en el norte es dos estaciones al año (“Two seasons a year”), verano y primavera.

Por ejemplo, Brisbane, capital de Queensland, que está cerca del trópico, tiene un clima cálido y templado en invierno. Allí es novedad tener que ponerse el jersey en invierno para estar en casa. En Sydney en invierno, nos hizo muy buen tiempo el finde que fuimos, haciendo unos diecisiete grados por el día y no demasiado fresco por la noche, asimismo me cuentan que en verano suele llover casi todos los días a media tarde. En Canberra, al estar en el interior, el clima es un poco más extremo. Por la noche hace frío, uno bajo cero cuando llegamos y por el día cerca de diez grados. En Darwin, el extremo norte, unos treinta grados casi todo el año.

En Australia todas las ciudades importantes están en la costa, salvo Canberra que fue un experimento que querían que fallasen y ahí sigue; Alice Springs, fundada en medio del desierto para dar apoyo al telégrafo al estar en la mitad de la ruta entre Adelaida y Darwin y vive del turismo y Mount Isa, fundada porque tiene yacimientos minerales. Además las ciudades en la costa suelen estar en la desembocadura de algún río con una gran bahía, por lo que el clima es algo más benévolo.

En Melbourne hace mucho viento, pero puede venir del norte, del desierto, por lo que es cálido en invierno y abrasador en verano o de la Antártida, que está a sólo tres mil kilómetros, por lo que es más bien frío. En verano me dicen que tienen una auténtica plaga de moscas. No es que haya moscas, como en algunas partes de España, sino que realmente hay muchísimas y es bastante molesto. Dicen que puede llegar a ser una sensación desagradable. Por ello el típico sombrero australiano puede llevar unos corchos colgando de cuerdecillas a lo largo del contorno para ahuyentarlas. Dada la proximidad de la Antártida y su famoso agujero de la capa de ozono, por aquí el sol quema bastante y es muy peligroso en verano. No se puede salir a la calle sin protección pues te quemas enseguida. Me cuentan que una compañera de curro salió a pasear descubierta y sin protección media hora y tuvo quemaduras en la piel. En la playa hay carteles indicando los tiempos máximos de exposición según las cremas (factor 30 mínimo aconsejable) y por ello el cáncer de piel es el más común en Australia.

Algumos enlaces para los curiosos:

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