Cómo vivir del cuento siendo techno-aborigen

22 agosto 2008

El tema de los aborígenes en Australia es largo y complicado, así que nos vamos a centrar en su aspecto más lúdico-festivo.

Siendo un aborigen en Australia, ¿cuál es la forma más fácil de vivir sin trabajar? Efectivamente, hacer el payaso para que los turistas como yo se hagan la foto contigo y sacar con ello unas monedas. Este sábado en Sydney fuimos a visitar la bahía principal, el Sydney Cove, junto a la zona The Rocks y la Opera House y nada más llegar, empezamos a escuchar música, algo así como tecno. En un lado había un “aborigen” tocando un didgeridoo [2] en el suelo, un blanquito vendiendo CDs y tocando con unos palos y un aborigen haciendo el payaso para que los turistas se hagan fotos y dejen monedas.

Así que ya sabéis, es fácil. Primer requisito que no imprescindible es ser aborigen. Los aborígenes suelen ser más negros que el carbón, pero hay excepciones y algunos son blanquitos o más bien rosáceos por el sol y les gustaría haber nacido aborigen, para tener la excusa completa de vivir del cuento. El segundo requisito imprescindible es no darle ni un duro a Gillette, pues por algo es americana, así que la barba cuanto más larga mejor. Tercer requisito obvio es llevar el pelo largo, liso, rizado o con rastas, es indiferente. El pelo y la barba preferentemente deberán estar lo más sucias posibles, pues también el champú es un invento occidental. El cuarto requisito es ir descalzo y con un taparrabos, pues la vida aborigen es como muy natural. La cinta en la frente es el complemento ideal a tanto derroche de diseño y glamour. El color rojo es el preferido, pues por algo no tienen toros en Australia, todavía. El quinto requisito es llevar el cuerpo pintado con pinturas preferentemente blancas o amarillas. A falta de originalidad en el diseño del dibujo, que suelen ser motivos a rayas, lo más sencillo es meter las manos en un pozal de pintura blanca y pintarse el cuerpo con las manos, dejando huellas, al estilo cuando te secas y no tienes toalla. Para sentarse en el suelo nada mejor que una buena manta, no vaya a ser que se manche más todavía el ya de por sí cochino cuerpo. Acompañando al cuidado montaje debe aparecer en escena alguna piel de algún animal que se suponga australiano, para darle ese toque entre salvaje y rural de los aborígenes auténticos. Como no es cuestión de dejarse los pulmones tocando el didgeridoo, un buen micrófono junto a una batería de la furgoneta del primo, una mesa de mezclas y unos potentes altavoces hacen maravillas y permiten que todo el mundo en cien metros a la redonda pueda oírte, atrayendo a los turistas incautos y aumentando los posibles ingresos. Como colofón de esta escenografía kafkiana, un discman con una base tecno para acompañar le da ese toque entre chic y post-moderno que tanto se lleva. Como todo grupo de música folclórico/tribal/étnico que se precie, debes tener una mesa con los CDs de tus canciones a la venta por un módico precio y reproducir las mismas todo el día.

Aquí tenemos al aborigen-payaso esperando a otro turista que se quiere hacer la foto con él. A su lado otro aborigen toca el didgeridoo acompañado de una base tecno. A la izquierda no aparece pero había un blanquito tocando los palos y mostrando los CDs a la venta por diez dólares. A decir verdad, el didgeridoo es bastante difícil de tocar, el sacarle algún tipo de sonido es todo un logro para un profano y éstos aborígenes de Sydney lo tocaban bastante bien.

Aborigenes tocando el didgeridoo y haciendo el payaso.

Aborígenes tocando el didgeridoo y haciendo el payaso, Sydney.

Yo con el aborigen-payaso. Entre canción y canción, el otro iba soltando alguna parrafada por el micrófono.

Yo y el aborigen haciendo el payaso.

Yo y el aborigen haciendo el payaso, Sydney.

Mi amigo Ángel con el aborigen-payaso.

Ángel y el aborigen haciendo el payaso.

Ángel y el aborigen haciendo el payaso, Sydney.

Otro aborigen tocando el didgeridoo.

Aborigen tocando el didgeridoo

Aborigen tocando el didgeridoo, Sydney.

La combinación de la base tecno con el sonido tan peculiar del didgeridoo hacían una extraña y curiosa mezcla rítmica y repetitiva que no quedaba nada mal, aunque según Ángel, mataba la cabeza. A los de la foto primera les eché cuatro dólares, pues el ingenio a la hora de vivir del cuento debe ser recompensado, no como otros que nos dedicamos a dejarnos los cuernos en la oficina un montón de horas.

Así que ya tenéis dos instrumentos más que no conocíais, el didgeridoo y esos palos de algo más de un palmo que aparecen en la segunda y cuarta foto y que también son muy típicos de aquí, produciendo un sonido parecido al de la caja china, aunque no están huecos (que sepa).

Algunos enlaces proporcionados como siempre por Dios.

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Una respuesta to “Cómo vivir del cuento siendo techno-aborigen”

  1. Alicia said

    Muy bueno!!!! hoy si que estás inspirado. Me he reido mucho. Besos desde zgz town.

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